3. Volar (parte 1)


 


Es junio ya. Ni yo lo creo. Me prendo un cigarrillo “el último” y van como mil. Me asomo por la ventanita del baño, trepada al inodoro, con media cabeza afuera para que no me detecte la alarma contra incendios. Desde esta altura la ciudad parece menos abrumadora y el peso de vivir casi insignificante.

Bajo haciendo equilibrio con estos stilettos inoportunos que el reglamento exige para acompañar la pollera tubo, demasiado apretada para mi talla y la camisita blanca con corbatín. A veces creo que la empresa nos odia. ¿O será la vida que me la quiere hacer parir?

El taco se me engancha entre el borde de la tapa y la loza, trastabillo y me golpeo la cabeza contra el marco, la pollera se me abre por el tajo y quedo medio suspendida entre la pared y el picaporte. Me recuerda al Twister y comienzo a reír, pero me dura poco y termino llorando, algo usual en este último tiempo.

Por el pasillo la cruzo a Mabel que me mira con cara de carnero degollado. A ras del suelo su lástima me resulta insoportable. Ella y su vida perfecta. Subiendo fotos a Instagram de su última fiesta, agarrada al brazo de su marido con su sonrisa forzada y sus ojos saltones, intentando parecer feliz. “Te amo vida” escribió al pie de la foto. Se cree superior a mí porque aún no la dejaron por la de 20 kilos menos. Prefiero la cruda realidad a esa vida de mentiras. Al menos puedo intentar reescribir mi historia con mis propios argumentos y personajes. Ella, la del hijo perfecto de libreta intachable, pero al que todos saben, le gusta armar bardo a la salida del boliche y descargar sus frustraciones contra algún pibe de turno. Con su auto 0km que no usa porque no le alcanza para el seguro, pero feliz porque le sirve para la foto, aunque no para la vida. Ella y su doble moralidad, pagando en negro a su empleada y cuánta compra pueda, compartiendo el wifi, llevándose de la oficina las hojas para no usar las de su casa, fotocopiando libros enteros para “el bebé” en el trabajo, ¡ah! pero haciendo escándalo porque la chica nueva que trabaja en su casa muerta de hambre, se comió un pedazo viejo de asado sin avisarle. Así como se lee. Afrontando las lluvias con tachos de pintura “porque Juani le tiene miedo a las alturas viste” -otra que deja acumular las hojas- pero vive en un costoso Barrio Privado. No hago más que imaginar cómo hará su esposo para tocarla en las noches. En esa bonita casa por fuera, pero llena de goteras y muebles podridos de tanto llover, así como sus vidas.

Veo que me habla pero no la escucho. Sigo de largo. Le sonrío para disimular, le meto una excusa obvia y me alejo. Me tocan subir dos pisos más. Elijo la escalera para no cruzar a nadie. Acá no zafa uno. Todos con vidas desgraciadas. Desde el portero hasta el que sirve café en el tercer piso, todos tienen un testamento de dramas para compartir. La mutual que no cubre nada, la guita que no alcanza para remedios y comida (de algo hay que morir, dicen, al menos el país te da opciones) el albañil que no les va, la heladera que se rompe siempre justo a fin de mes. ¿No hay nadie que tenga algo lindo para contar? Ni uno, pero claro la comidilla soy yo “la dejada”.  Eso me convierte en su consuelo “sí, soy infeliz, la paso como el culo, pero lo de Sara es peor” y rematan con un “pobrecita”. Que se pudran.

Por fin llego a mi escritorio y hago como que miro los papeles. La cara de vinagre me llega hasta el piso. Sobre llovido mojado ¡¿otra vez el jefe?! Veo sus zapatos de reojo a mi lado. Con el mismo esfuerzo que un camión pluma hace para levantar un pallet de cemento yo logro levantar la mirada y un pedazo de mi boca para simular una sonrisa.

-Buenos días Borselo. ¿Pudo preparar el informe que le pedí la semana pasada? -me dice entre enojado y resignado-

-Buen día Sr Martínez. No -le digo corta y seca con mirada asesina y sigo- El fin de semana lo iba a hacer. Pero entonces mi esposo me dejó por una mina más joven, con la que es reee feliz y reeee tierno –alargo las palabras para enfatizar la sorna- y con la que seguramente pronto tendrán muchos hijos. Porque usted sabe cómo es la vida de desgraciada con las cornudas. No sólo nos engañan, sino que pareciera que bancamos veinticinco años su versión de mierda y de un día para el otro, cuando ya no están con vos, se pasan a modo príncipe azul -Le digo mascando chicle con desprecio y sin mirarlo a los ojos- Pero no se preocupe, si no me mato esta noche -cosa que no está en mis planes- mañana lo tendrá sobre su escritorio.


Martes. 

Martínez llega a la oficina temprano como siempre, destinado a trabajar sobre el informe que le debe la desagradable del quinto piso. Pero lo único que encuentra es una nota de renuncia. Se para enojado y va hacia la ventana. ¡Maldita sea! Exclama. Era un clavo cruzarla cada día, ya mirarla de lejos le generaba un hormigueo molesto en las manos. Siempre tuvo esa capacidad de percibir las energías de las personas en su cuerpo. En especial las malas. Perderla era una bendición lo sabía, pero era eficiente para su propia amargura, y no sería tan fácil reemplazarla.

Volvió al escritorio y al terminar de leer la nota sonrió. Era una persona inteligente, no podía negarlo. De repente se despierta en él algo de respeto por esa mujer. Tenía agallas, además de un vaso grande de ironía siempre a tope, dispuesto a volcar sobre la víctima de turno. Dejó el papel en el escritorio y a la distancia le deseo suerte.

 

Miércoles.

Es tu cumpleaños. Jamás recuerdo fechas pero ésta en especial no puedo olvidarla y encima me duele. Semanas antes había estado pensando opciones de regalos y ahora ni siquiera sé a ciencia cierta si saludarte es una opción. Me siento ridícula, sola y encima desempleada, pero al menos con un boleto en la mano para irme a empezar de cero… Dios dirá qué. Al fin y al cabo ya nada me ata a esta ciudad cubierta de hollín y recuerdos.

Transcurre la mañana así como la vida mía, sin pena ni gloria, va convengamos sólo sin gloria, porque de penas tengo para un catálogo. “Sé agradecida Sara” me diría la infumable del dos,  esa “iluminada” que se comió una paloma de la paz y ahora es puro amor y bolitas de incienso. La optimista patológica ¡que se haga ver por favor! y nos deje a los pacíficos pesimistas y renegados morir solos y bajo la parra tal como la patria nos lo demande.

Si no te saludo seré una rencorosa, una jodida. Ahora que me escucho pienso si no es hora de acabar con los debo y sentar en platea los “quiero, siento, tengo”. Me niego a seguir errando pero aunque vuelva a nacer siento que la información en mi ADN ya es un problema.

El avión sale a las 00:00 h. Pienso y re pienso la idea. No me molesta pero me siento extraña. Como viviendo la vida de alguien más ¿Qué me creí? ¿A qué estoy jugando? Los nervios se me disparan con cada segundo que pasa. Traigo el pelo atado con un palo de sushi que encontré en la cartera, un pantalón suelto algo arrugado, unas zapas deportivas, una camiseta básica y por encima una camisa cuadrillé que encontré en el ropero. Parezco una prenda de algún juego “vestite con lo más ridículo que encuentres” primer premio.

Miro el reloj. Son las 14:40 y aún no te saludo ¡que puntería! ¿justo hoy tenías que nacer? Te imagino celebrando con ella en tu nueva casa, mejor no pensar. No me molesta que seas feliz, algo menos de que preocuparme, me molesta no ser yo la del final feliz, la del amor que triunfa.

“Feliz Cumpleaños” practico en otro chat pero no me suena ¿qué palabra puedo usar? Todas son tan absurdas en este contexto. Desisto.

21:31 ¿Cuánto para que se termine el día? Ya quiero que sea mañana.

El miedo viene por oleadas y se va. Me deja exhausta. Siento el efecto de la adrenalina que golpea fuerte, me incita a dejar el equipaje abandonado y correr por el aeropuerto hasta desaparecer, hasta fundirme con el cielo o el asfalto. Quisiera ser pista, rio, tren de aterrizaje, quisiera volar, congelarme, no sentir nada. Sé que dije que estoy muerta y seca, pero aún este letargo, este coma inducido duele, duele tanto todo que no sé ni qué me duele.

-Señorita ¿podremos molestarla un segundo para pasar? -Sonrío, hace tanto que nadie me dice así-

Una mujer anciana y de voz arrastrada se me sienta al lado. La acompaña una nenita (qué suerte la mía) Miro al cielo y pienso ¿algo más Dios? aún te quedan unos nueve minutos para terminar el día. Espero que la señora no me hable porque estoy por desbordarme. Me dice “a” y le lloro un rato largo. Miro para otro lado y me tapo con la campera, trato de pensar en algo lindo, pero tengo la alacena llena de recuerdos tristes que caen uno encima del otro en una avalancha, no aguanto más. Como un forúnculo que están extirpando así me sale por los ojos la frustración y el enojo acumulado. Siempre tan inoportunas mis emociones.

23:59 h a esta altura me da cosa saludarte. Bueno mejor, aborto este mal intento. Tampoco creo que te importe tanto. Despegamos.

Continuará proximamente en > 3. Volar (parte 2) 

Comentarios

  1. Quiero la versión completa!!!

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  2. Me encantó!!! Frases como "vístete con lo más ridículo que encuentres", "se comió una paloma de la paz", "me dice un (a) y le lloro un rato largo" me hicieron reír a carcajadas!!! Sos muy vos para escribir!!! Es tu marca!!! Por otro lado, cuando el personaje quiere reemplazar los "debo" por los "quiero, siento..." me sentí muy identificado. Creo que hace un tiempo estoy en el mismo plan y tan mal no me va. Así que me juego todas las fichas por Sara y confieso que quedé atrapado en esta trama que promete sorprenderme más de lo que lo hacen las series de streaming de las que todo el mundo habla. Espero tranquilo la próxima entrega. Bueno,notan tranquilo!!! Jajaja!!! Te leo pronto!!!! 🙌

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    1. Ay querido amigo, sos lo más, que Dios te devuelva a manos llenas tu generosidad, el amor y luz que ponés en todos y todo. Me hiciste reir vos a mi. Gracias por leerme, por ser parte y por estar

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