El Salto

 

Eran dos hojas compañeras. Habían nacido juntas y juntas habían cumplido paciente y estoicamente su misión en este mundo. Allí estaban ellas, meciéndose a merced de la misma brisa. Constantes, significantes. Aun sin verse podían sentir la presencia de la otra, aun sin hablar se ayudaban, y esa certeza del estar de la otra era lo que más las aferraba a su pequeña rama en las noches oscuras, en las lluvias copiosas. Todo era posible, todo era soportable, no estaban solas.

Eran conscientes de su pequeñez, de su vulnerabilidad, pero también sabían que en la inmensidad de aquel árbol, en lo impersonal del follaje, ellas eran y “ser” de algún modo era un regalo y un compromiso.

Los días empezaron a acortarse y entendieron que el otoño se acercaba. Demasiado no les importaba, habían vivido dignamente en aquel árbol y habían hecho sombra de la buena. O al menos lo habían intentado.

Vinieron juntas y juntas se irían, eso las confortaba. Caerían y el viento haría el resto. Se disponían a enfrentar esa nueva etapa, donde la libertad y la incertidumbre convivían tan amalgamadas que daban vida a un nuevo sentimiento: la entrega. Sólo la confianza y la entrega absoluta, podían permitirles afrontarla. Inútil era resistirse, aferrarse o hacer planes, lo inevitable estaba próximo y anticipar el destino era una utopía.

¿Cuánto tiempo más estarían juntas? ¿Caerían cerca del árbol transformándose en parte de algo más? ¿Llegarían hasta el río y enfrentarían aventuras insospechadas? O algo peor, ¿terminarían en algún jardín, en alguna vereda?... ¿Serían barridas? ¿Tratadas como algo inútil y molesto? Y lo que más las angustiaba ¿sería realmente un salto simultáneo?

Cuando finalmente el viento dio la estocada final liberándolas de su refugio de savia y corteza, nadie pudo decir cuál fue su destino, ni si lograron permanecer realmente juntas. Solo la brisa trajo voces de aquí y de allá, recolectadas en los atardeceres del invierno, que aseguraban que aquellas desprovistas hojas solas o no, estaban juntas. Y eso las hacía únicas e inquebrantables como su amistad.

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