"El mismo amor... la misma lluvia"
El último día que pasábamos en Córdoba amaneció lloviendo, el río había crecido y desbordaba el vado inundando el acceso.
Salí muy temprano a correr. El agua caía caprichosa e insistente, de a ratos
diluviaba. A mis ojos el momento era perfecto y el paisaje insuperable. La
lluvia como la música -o la buena compañía- transforma cualquier momento
ordinario en uno excepcional.
Casi no había nadie, sólo los vehículos de los que iban a sus trabajos y
que me miraban extrañados como si fuera un bicho raro, próximo a la extinción.
Pero no era la única en mi especie, en una de las subidas de mi recorrido me
crucé de frente con otro corredor que venía a tope, en cuero y con la remera en
la mano. Al verme se sorprendió tanto que me aplaudió y extendió su mano para
chocar la mía. -"¿Como estas?" me preguntó al pasar,
-"Bieeen", le contesté sonriente mientras me alejaba.
Después entendí el porqué de su efusividad, era obvio que a ninguno de los dos nos sorprendió la lluvia, que lisa y llanamente salimos a su encuentro. Era evidente nuestra alegría y cuánto disfrutábamos lo que hacíamos.
Seguí corriendo chocha, sintiéndome parte de algo más grande, pensando qué
lindo que es esto de correr, cuántas sensaciones, cuántos momentos y cuántas
experiencias diversas nos regala. Desde un día de entreno normal que se
transforma en especial, hasta la carrera de aventura más espectacular jamás
soñada. Y cuántas personas conocés a lo largo de este deporte, divertidas,
apasionadas, exigentes, relajadas, competitivas, de élite o tortuga... como
sea, pero todos compartiendo "el mismo amor" y hasta algunos ¿por qué
no? "la misma lluvia".

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