Cuando el viento sopla
Por momentos recibo comentarios que prefiero dejar caer, que los corredores somos una secta, que entrenar es opcional, postergable, y que si no ponés un evento social antes que correr, estás entre la demencia y la “hijaputes”
Sin embargo, ¿cómo explicar los malabares que hago para cumplir con todo? ¿Las veces que salgo muy temprano o muy tarde, o un día antes o un día después, para poder asistir a donde sea, sin que mi amor por correr se interponga con el resto de mis roles?
¿Cómo explicar que cuando el mundo se cae, cuando el viento sopla en contra, cuando todos siguen con su vida, el Running siempre está para mi? Sosteniendo, alentando, devolviéndome la fe, el amor propio, la confianza, el equilibrio, las sonrisas y buena parte de mi energía.
¿Cómo explicar que no importa cuánto lo postergue, lo abandone o le haga desplantes, cada vez que pongo un pie delante del otro, “correr” me recibe con su mejor sonrisa, sus paisajes soñados, su viento en mi cara, la orilla del río y los pajaritos en mi cabeza?
“Creí que era una aventura, pero se trataba de la vida” sería la frase que mejor resume a este deporte, al menos para mi.

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