Soporte Vital
A base de
amor, tiempo y coincidencias, vamos tejiendo a lo largo de nuestra vida una
delicada pero resistente telaraña de afectos. Una red de contención que nos
sostiene.
Son ellos los que nos permiten hacer malabares sobre la cuerda, los que nos dan la confianza necesaria para dar el paso a sabiendas de que si nos caemos, estarán allí para frenar el golpe.
Son ellos quienes nos levantan después de un mal día, los que nos recuerdan que somos personas de valor, los que nos dejan una nota para decirnos que sólo es el principio de una mejor etapa, mientras luchamos en el piso para sacarnos el cuchillo de la traición. Los que nos llaman al despertar para ver cómo estamos, los que nos ofrecen su hombro para que se lo llenemos de mocos, los que cuando nos toca volver a empezar de cero te dicen “para lo que necesites: estoy”
Son ellos y sólo ellos, los que nos aceitan los engranajes, nos recambian las cubiertas, y nos llenan el tanque con nafta súper cada vez que entramos a boxes.
Si, no siempre estamos arriba, no siempre tenemos pilas, no siempre nos creemos suficiente. A veces no somos nada, no somos nadie, no pegamos una. A veces nos sentimos tan solos, tan mal, que quisiéramos fundirnos con el colchón hasta desaparecer, tan mal, que ni siquiera podemos pedir ayuda. A veces una persona decide no hablarnos, una pareja no querernos, un trabajo no elegirnos. A veces le erramos tan feo que nos cuesta tiempo perdonarnos.
Si, la vida no es estable, no es en línea recta. La vida es de a saltos, repleta de claroscuros y de altibajos. Debemos aceptarla y aceptarnos. Agradecer nuestros errores como parte del camino que nos trajo hasta la persona que somos. La que se levanta, la que sigue adelante con una mochila reciclada, cargada sólo con lo importante y todo lo aprendido.
Si, se tiene cintura, se tiene fe, se tiene propósito, afectos invencibles o se sucumbe.


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